martes, junio 12, 2012

dueño de uno mismo



era un encuentro en esa pequeña ciudad llena de pulgas y perros callejeros, la emoción le dejaba las manos y el estómago tembloroso mientras la casita con el bocho azul se volvía más próxima. detrás del cristal esperaba él también. Me desperté recordando que en realidad solo le había abrazado el día de su graduación y tenía los ojos tan llenos de lágrimas que no había logrado formular ningún tipo de frase de vuelta, ninguna despedida.
Lo volví a ver cada año en Navidad, era mi época favorita del año, prácticamente no había pasado nada, no pasó nada el día que le besé y me dijo que le gustaban mis ojos, ni cuando engordó 20 kilos o cuando embarazó a su novia, ni siquiera cuando se volvió político del PRD.

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