lunes, septiembre 10, 2012

llamadas y una boda



minerales en museos holandeses y compañías telefónicas llamando desesperados para reírse un poco de ti y de lo mal que llevas eso de mentir.
El mundo ya no es lo que era y ellos lo saben y tú lo sabes y ambos saben que el otro sabe y solo pueden llamarse así, para reírse mutuamente del otro.
Como se ríe L cada vez que una de ustedes se pasa por la oficina y tiene la oportunidad de girar la cabeza hacia la pantalla cuando la saludas, contestando con monosílabos y frialdad de iceberg. La última vez había alcanzado ese pequeño objetivo de anotarla en esa larga lista de cosas que te importan una mierda, pero posterior a escuchar todos los chismorreos y las cosas feas que va diseminando por ahí piensas que talvez no ha alcanzado ese nivel zen de anotar nombres en esa lista. La otra, indignadísima porque L no cumple los standares protocolarios del saludo y la conversación cordial, se cuestiona lo que ha hecho mal, mientras la otra piensa en las vacaciones que invirtió fumándose la expresión de "huele pedos" que suele poner cuando la mira. Mirar en un sentido figurado por supuesto, porque gusta de mirar al suelo. 
Brevemente recuerda esos primeros días, en los que pensaba que posiblemente por su signo zodiacal se tratara de una mujer leal y "derecha", piensa, todo ese rigor debe cimentarse en un caracter puro, amante de las reglas que ha construido nuestra sociedad.
Extrañada, se decepciona descubriendo que es una de esas mujeres que piensa en las otras mujeres como rivales y como enemigas. Todo el mundo dice, que en su cabeza sabe la verdad, sabe lo malo que ha hecho, llega un punto en el que esta segura que la otra de verdad no lo sabe.
Que sigan llamando piensa, que siga mintiendo.

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