Por el protocolo de un taxista voy dando saltitos en mis zapatos de tela mojados y fríos...
Solo quiero tomar un taxi y me mandan de cuadra en cuadra porque no puedes subirte al taxi dos metros antes.
Siempre que salgo sola a esta hora tengo la sensación de que nunca podré regresar a mi casa o que talvez tardaré años.
Me cambio de banca, me quito los audífonos y sigo esperando. Estiro la mano, el taxista me mira burlón y pasa de largo, verdaderamente estoy atrapada a la mitad de la noche en esta ciudad despiadada.
Se para un taxi, el hombre mira mi pantorrilla desnuda y se humedece los labios, mejor no me subo jaja... Que si me da miedo moverme sola en esta ciudad a estas horas en que las señoritas decentes (o como se escriba) estan en sus camas... durmiendo... Si, si me da miedo, a veces, pero ¿qué se puede seguir esperando cuando a mi edad que es la flor de la vida se pasa uno solo tanto tiempo?... Mis romances se limitan a mis sabroseadores nocturnos y uno que otro besillo que siempre me deja re vacía.
No había llovido en meses, hasta hoy, que salgo triste a caminar con mis zapatos de tela negros.
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