sábado, junio 20, 2009

Lenguajes del arte


Si hay algo que no me gusta de algunos hombres es que esten en permanente cacería.
Ayer llegó Ricardo a mi pequeño desmadre de lugar de trabajo y se quedó mirando una foto que esta arriba de mi monitor, un hombre y una mujer muy sonrientes.
-Ay!, que guapa esta tu amiga quién es?.
(pendejo)- somos mi hermano y yo el día de mi graduación.
-ay!, pero te queda mejor el pelo largo no?, esque en Barcelona la gente se arregla menos.
-Esque en Barcelona no hay que vestirse de zorra disfrazarse de barbie para que te tomen en serio.

jueves, junio 18, 2009


Ciudadano O tiene 20 años y se habla de él en revistas. Me dejó pensando..
Y esque no es un asunto ya ni siquiera de envidia, las capacidades de ciudadano O no se desarrollan en una vida de trabajo para nosotros los mortales de carne y hueso.
Me han intentado enseñar toda mi vida que hay que ser humilde, que no hay cosa más bella que llevar una vida sencilla y no mirar a nadie por debajo del hombro. Esta carrera se me enfrenta en todo lo que consideraba principios. Dicen que uno tiene que creérsela, que uno tiene que amarrárse a una idea, a un personaje, uno tiene que hacer arte (escribo esto y hasta me da risitas) y esque desde que me cruce con ese otro ciudadano Macotela me quedó clarísimo que no quería tener nada de artísta como definición social en mi definición como persona. Hay que tener el ego muy inflamado para afirmar que lo que uno hace es único, es verdadero, es arte.
Ciudadano O es humilde, es tímido. En clase casi no habla, se ríe de mi torpeza con los papeles o la curiosidad por saber los platos favoritos de la gente. Ciudadano O no se admira a si mismo ni enzalsa su trabajo a pesar de que es muy ensalzable, Ciudadano O tiene los pies en la tierra y eso si que es muy envidiable.

imagen: mi pequeño Cosmo cuando era un bebé conejo, ahora es un adolescente atacalón

lunes, junio 15, 2009


Mi hermano tenía los cachetes y la panza redondos, yo no era un sujeto aplicable a las campañas de vacunación por mi en extremo bajo peso. Mi mamá se tomó nuestras diversas preferencias y personalidades respecto a la cocina muy a pecho, casi como una misión personal, combatirnos a ambos.
A él, con las dietas de los 13 días, a mi con interminables sobre mesas que cara a cara nos confrontábamos a ver quién tenía más pasiencia. A ella le pesaba la siesta, pero yo, a los 6 tenía todo el tiempo del mundo para remover infinitamente los patéticos trozos de comida dentro del plato lleno.

Al final se iba, pero yo nunca ganaba, porque siempre me quedaba con hambre y con la certeza de ser incomprendida. Ella amaba el sabor del limón, la agresión de los sabores ácidos y amargos, la frescura de las verduras y de la fruta. Yo amaba los sabores sutiles, ese ligero encuentro de tu lengua con algún visitante respetuoso, nada de explosiones ni convinaciones barrocas ni bizarras, podía ser dulce, de preferencia, astringente como los fríjoles si se deseaba, refrescante como la menta.

domingo, junio 14, 2009

mi cuarto en México esta pintado de verde limón e intenso azul cobalto, hay estrellas pegadas en todas partes y dibujos que solo se revelan cuando hay oscuridad. Lámparas japonesas e invasoras pilas y pilas de libros.
mi cuarto de España esta vacío, solo un collage de fotos que me regalaron y una máscara que yo misma regalé, no hay clavos, me cansé de colgar posters y supuesta identidad.
Cada vez que regreso a México me siento como una invasora en ese lugar sagrado, porque todas esas paredes las habrá pintado alguna otra yo, esa otra yo que encontraba esa barroca superposición de elementos hermosa.
Aquel año que Javi nos corrió de la casa, mientras esperaba con todas mis cosas dispersas en el exterior de la casa de M.J. sabía que esa experiencia se llevaría alguno de esos grandes fragmentos de uno mismo, lloré tanto esa noche que después de las primeras dos horas hasta me permití hacer sonidos, desesperada de tanto llorar.
Cada experiencia dura te despoja de una ligera capa de entuciasmo, a veces hay una experiencia dura por año, a veces son tantas que de repente te encuentras desnudo, con tu miedo y tu dureza.
Ese año regresé como planta marchita, ridícula me sentí en aquella selva exuberante de verdes, azules y estrellas. Estoy bien lastimada le dije a mi vecino, que me respondió con su media sonrisa de aliento, como sonríe la gente vieja. Esque ya nos estamos haciendo adultos.

jueves, junio 11, 2009



Odiaba ir a las fiestas y bailaba horrible. Solo conocía las plantas, los libros y los órganos humanos, en si, le maravillaba la vida, fuera de la vida social.
Un día tomó su espíritu y salio por la ventana, lo habían llevado cargando a modo de rey sobre una de las sillas de la sala.
Después, la sala estaba vacía, el comedor verde, verde, frío y solitario. Sin el peso de su cuerpo que abarcaba un tercio de la mesa, sin el peso de su presencia que abarcaba un espacio tremendo e inmesurable.
Era un niño en el fondo, un incomprendido que se desentendía de todas las cosas mundanas, que pasaba por encima de ellas a pesar de que eran humanidad en su mas pura definición.
Se ensució el codo de aguacate alguna vez, no dijo nada y simplemente volvió a colocar el codo donde se había encontrado siempre.
-Ya te limpiaste el codo?.
-Si
pero no le creía, y cuando le levanta el codo, la mancha verde sigue ahi. Y con pujidos de extenuación le limpia el codo y mantiene su expresión de fatiga y sobre saciamiento psicológico, moral y humano. Su presencia es la de un niño que requiere ser cuidado, ser amado pero solo como él entiende, en el fondo, todos somos muy voraces.
Ella se muere de ganas por salir a bailar, se ha quedado atrapada en los años que bailaba con su hermano y que el mundo era otro lugar, uno mas feliz.
Un día encontraron una carta que decía "me siento infinitamente solo", y a pesar de sus silencios y sus mundos enmudecidos había habido un momento en que había tenido la necesidad de gritarle al mundo humano lo solo que se sentia, ella con sus necesidades, él tan inmerso en las plantas y las criaturas no humanas. Talvez él mismo se había olvidado de cómo se comunicaba su propia especie.

El día aquel metido en una caja, con algodones en la nariz, pensaba que era lo que quedaba de esa criatura tan mágica que había sido toda su vida, cabía ahora todo en una caja de madera. Me quedé curiosa de saber quién era él, cuantas cosas habría sabido escuchar sin decir nada a nadie ¿porqué odiaba que le tocara el cuello?, pero estaba silente, como dormido pero su cuerpo mas flojito aún, como si aquello que lo mantuviese junto y firme, simplemente ya no estuviera ahi.

La caja, que es una casa y que nos protege de todo el mundo exterior y todo lo que nos da miedo, estaba hueca hueca. Y ella se empezó a sentir sola, sola no sé si como él se había sentido antes o una soledad más simple, la soledad de notar la ausencia de un cuerpo, de saber que no habría nadie que le cambiara los focos a las lámparas o que le diera cuerda al reloj del péndulo.
Comenzaron nuevamente por decirlo así "los bailes" y disfrutaba de una libertad mas nueva y mas valorada. Pero seguía materialmente sola.