
El rapido desteñir de mi rosado cabello me indicaba angustiante cómo iban pasando los días y mi lienzo seguía exactamente igual de vacío que siempre. Parecía como si a cualquier expectador de la patética escena como si no fuera suficientemente patética fuera poseído por algún alma de historiador del arte de finales del siglo XIX con su típico afan ácido y el sarcasmo a flor de piel, mi pobre lienzo tan vacío y tan vulnerable, solo veía el pasar de los días, el pasar de las críticas a pesar de su transparente contenido.
2 comentarios:
Esa inspiración que no llega...Todo llega, al fin y al cabo, cuando tiene que llegar. Un beso mejicanita.
jiji por ahi decía don picasso que esto del mundillo del arte es 80% transpiración 20% inspiración... que cochino él...
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