
Le regala su amuleto, de esas cosas tan pequeñitas que te caben dentro de la oreja, a cambio le entrega una ventana, pequeña pero no tanto. Es pura intuición y a pesar de eso certeza. Intuición y certeza, en toda su contradicción, pero ahi estaban, con la ansiedad temblorosa dentro de los dedos y dentro de la boca, tan fresca que no se pueden mirar ni siquiera la superficie de los ojos. Me das miedo le dice y dentro se abre una sonrisa del tamaño de una rosa y abre mas los ojos y lo mira hasta que se le cuela por los castaños claros, tanto que nada, tanto que se cubre como una noche. Finalmente se pregunta si acaso sabra nadar.
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