domingo, noviembre 12, 2006


Se me quedó grabada la sensación de erosión y cansancio de 100 años de soledad, por mas que dormía siempre sentí que mi cansancio nunca se acababa y era la misma impresión que me había dejado aquel libro. Vieja y triste me sentí en aquel momento, cansada y medio vencida. Pocas veces me había sentido así, de esas tristezas que como cuerpo ahogado bajo las olas, sólo te rosa la cara con su suave espuma. Yo ya me encontraba en horizontal con la tristeza en la cara cuando me gritó una vez más, se enojó una vez más y mi tristeza solo me sacaba una sonrisa amarga de aquellas épocas en que hubiera llorado.
Una vez que me sentía igual de vencida le pregunté a un amigo cómo se puede seguir subiendo la montaña, él me dijo que a veces era necesario quitarse la ropa, toda esa ropa tan pesada y sentarse un momento antes de seguir subiendo, a veces aquel momento se posterga muchos años, pero es necesario respetar el cansancio del cuerpo para que éste rinda y este fuerte...
Ya no quería seguirle llorando a su amistad que no era como yo la quería, no quería seguirle llorando a mi cuerpo cansado ni a mi tristeza, ese día simplemente me senté al pie de la montaña.

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