viernes, noviembre 10, 2006


Guardaba caramelos de limón en su bolsa. Cuando regresabamos a casa misteriosamente siempre terminabamos los tres en el tren de regreso, sacaba esa cajita de aluminio y nos daba uno a cada uno. Después de algunos meses el ritual había cobrado tanta importancia que me descubrí a mi misma buscando con desesperación aquellos caramelos ese día que me sentía tan triste.

2 comentarios:

Achita dijo...

Que tenían esos caramelos de limón que los necesitaste ese dia en que estabas tan triste?

ni_mini dijo...

jaja, ahi esta la magia, que todavía no lo comprendo.