sábado, octubre 21, 2006


Nos dividimos casi todas sus cosas, sin peleas ni nada, solo esa tristeza profunda que nos inundaba a todos. Sus posesiones carecían de cualquier valor monetario. A mi me dieron su pijama y pedí quedarme con algunos de los libros que me recordaban a él, mi hermano se quedó con su anillo y su chamarra (la que no se quitaba ni para dormir) y mi mamá elijió su cortauñas, las herramientas se las quedó mi abuela junto con todas sus violetas que ironicamente nunca habían floreado con tanta intensidad.
Su pijama me quedaba enorme, tenía que llenarla de seguritos para que me quedara y siempre con el miedo de terminar ensartada en alguno de ellos. Todavía olía a él, era un olor muy fresco que a veces todavía puedo evocar en mi nariz, pero ya sin tanta claridad. Siempre en mi cabeza regreso y regresaré a ese olor en esos momentos que siento que todo me aplasta y me rebaza, ese olor son sus manos gorditas y llenas de arrugas.
Mis libros olían a su estudio, y aunque los he prestado y de hecho creo que uno lo tiene Noviecita, estoy segura que todavía huelen a él.
Después de unos días que había muerto tuve un sueño muy raro. Soñé que él estaba en su estudio y que su cuerpo se hacía polvito, el polvo caía sobre todos los libros y me decía que siempre estaría para mi, cada vez que regreso al estudio siento un escalofrío agradable en la espalda, sé que es su saludo, es él que esta contenido en todas aquellas palabras, en toda aquella sabiduría.

1 comentario:

Anónimo dijo...

los sueños son bien raros... yo hace poco tuve uno medio raro pero ese te lo digo por mail, yo he tenido sueños tambien con familiares que ya estan descanzando y aunqe sabes mi escepticismo ciego a veces si me gusta pensar que son mensajitos de ellos.

te adoro mi niña!