
No, no todas las despedidas tenían ese mismo sonido. Ico no se despidió, no hubo preludio al desbordamiento. Todo fue desbordamiento desde el principio y se desarrollaba tan rápido que ningún sentimiento humano que no se llamara desesperación cabía. Abrieron su féretro, dos algodones en su nariz, no entiendo para que. Pálido pálido y la piel toda colgada, cómo si fuera la vida la que definiera la voluntad de todas esas células para permanecer juntas. No entiendo porque nos dejaron mirarlo por ultima vez, ya no era él y con los ojos cerrados parecía como dormido. Mi cerebro confuso lo miró dormir, mi corazón adolorido sabía que nunca más iba a poder abrazarlo.
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