
Amo la delicadeza de sus bailes, es dócil princesa, la más dulce. Su fragilidad es un espejo de cuerpo entero. El infame ignorante la calificó de inservible porque el feliz tacto luminoso en su risa y en su fuego quema su vida. Te amo por fugaz, que incluso el suave paso marino doblega tu fuerza más terca… Suave, flexible, acariciamos el espacio con toque indivisible y ligero. Amo tu naturaleza maniqueísta porque en el fondo presiento tu espíritu análogo. Comprensivo y amoroso es tu talento para acariciar pupilas, tan breve, tan trágica e impredecible. En tu danza aterciopelada se desbordan lamentos diminutos que solo se perciben en un abismo lejano, en la supernova de mi estómago.
Nos tachan de locas, inalcanzables y absurdas, ningún manual podría describirnos ni descifrarnos.
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